
Después de varios proyectos, los motivos por los que un agente no llega a producción se repiten. Ninguno tiene que ver con qué modelo se eligió.
1. El agente no tiene los datos
Se le pide que prepare un informe, pero la mitad de la información vive en una carpeta compartida a la que nadie quiere dar acceso. El resultado es un agente que redacta bien y se equivoca en los números. Antes de construir nada hay que resolver el acceso, con el alcance mínimo necesario.
2. Nadie definió el límite
Si no está escrito qué puede hacer el agente sin aprobación, pasan las dos cosas malas: o se le deja hacer demasiado y aparece un incidente, o no se le deja hacer nada y el ahorro nunca llega. El límite es una decisión de negocio, no técnica.
3. Se mide contra una sensación
“Parece más rápido” no sobrevive al primer recorte de presupuesto. Sin una línea base tomada antes de empezar —minutos por tarea, errores, retrabajo— no hay forma de defender el proyecto ni de saber si conviene seguir.
4. Se automatizó la excepción
Es tentador atacar el caso más difícil para demostrar potencia. Es el error clásico: el caso raro consume el presupuesto y aporta poco tiempo recuperado. Primero lo frecuente y aburrido; la excepción después, ya aislada.
5. Nadie se quedó a cargo
Un agente es software: los formatos cambian, las reglas cambian, los modelos cambian. Si al terminar el proyecto nadie de la casa sabe ajustarlo, se degrada solo. Por eso la última fase siempre es transferencia y formación, no una presentación de cierre.